El primer día de exploradores nos dirigimos hacia el sur e hicimos nuestra primera parada en las Salinas de Janubio o el jardín de la sal. Toda esta área era una importante caleta en cuanto a tráfico marítimo interinsular se refiere. Pero las erupciones de Timanfaya de los siglos XVI y XVIII convirtieron la bahía en una gran laguna.
A finales del siglo XIX un salinero decidió construir el sistema de las salinas. No son moco de pavo, por su potencial figuran entre las salinas más importantes del mundo con una producción de 10.000 toneladas anuales.
Su funcionamiento se basa en bombear el agua a los cocederos para luego cristalizar en unos tajos, gracias a los molinos existentes.
Estas salinas se construyeron porque la flota pesquera lanzaroteña pescaba mucha sardina y para su conservación se necesitaba sal. Actualmente se produce una sal fina de gran calidad.
Siguiendo por la carretera que lleva a El Golfo, y cruzando el mar de lava que viene de Timanfaya, se encuentra un aparcamiento donde dejar el coche y poder ver el Charco de los Clicos, o cráter lleno.
Se trata de un buen ejemplo de hidrovulcanismo, donde interaccionan la lava y el agua. Un singular charco de agua marina verdosa que se encuentra dentro de un cráter y que conecta al mar por grietas subterráneas. Ese color verde es debido al fitoplancton que hay en su interior. Tiene una profundidad de 8 metros.
La playa donde se encuentra el charco es de arena negra con un roque a un costado (resto del volcán), que junto a la variedad de colores la hacen un punto de interés paisajístico.
Más info | Salinas de Janubio, Charco de los Clicos










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